Friday, 26 November, 2021

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MI QUERIDA ARGENTINA


Carta de mi padre a una Argentina devastada y a su vez en la mira del mundo por querer poseerla. Pero el sentir de su gente… ¿Adónde irá?

Esto pasa cuando se hace orden en cajones repletos de papeles, sobres con documentación u hojas sueltas escritas. Algunas de ellas de inéditas expresiones que conmueven por quién las escribió…y que ya no está. Me siento afortunada de hallarlas. Me resuelve esa angustia que nos acompaña a todos los argentinos desde hace tanto tiempo.

Un manuscrito que no tiene fecha. Una historia que se repite desde hace años. Según mi padre, Francisco Manuel, nos marca una sutil reflexión de lo que somos. Muy agotados de no salir adelante. El se expresa, como siempre lo hizo tan claro y preciso. Esta vez su pensamiento fue más allá: el de vender Argentina.

Se las transcribo:

MI QUERIDA ARGENTINA

Cuantas dudas con mi querida Argentina. Tenemos premios Nobel, tenemos a Gardel, a Maradona, a Messi, tenemos reina y tenemos Papa, también. Pero hay algo que no camina. Y si la vendemos. Pero como lo hacemos. Venderla…sí. Ponerlo a remate. Darlo al mejor postor y repartir entre 40 millones, lo que den. Tal como va, no va. Japoneses, escandinavos, alemanes o ingleses. En tres años la pondrían a la cabeza del mundo. Nosotros no podemos. O tal vez, no sabemos. Y seguro, no queremos.

Venderla, digo, antes que no quede nada por vender. Lula frenó con leyes la gula de mercaderes foráneos que merodeaban su Amazonas. El mundo debe saber que tiene dueño: el Pueblo brasileño.

Aquí compran glaciares, minas, pedazo de provincia, lagos. Que el país tiene 2.800.000 kilómetros cuadrados, es un dato de antaño. Cuando había gente mejor que nosotros. Hoy habría que descontar lo comprado y mapear de nuevo. No hay quién lo haga. Estamos muy ocupados en ver que modelo o vedette muestra más, o si Nalbaldian está mascando chicle, o el nuevo romance de la bailarina de Tinelli o si juega Messi.

Por esta razón, antes que nos quede nada, mejor vendamos. Es que, o no nos queremos o no queremos al país. No damos pie con bola. No nos acoplamos a lo que se llama país. Algo no cierra. Tal vez, si primero pasáramos una década en Alaska o Namibia, o si nos obligaran a tener un master en ciencias sociales en Afganistán. Puede que al regreso nos fuera distinto. Otra sería la Argentina y nosotros en ella. Pero, así no va.

Este no es el modo de tratar al país boutique que nos tocó en la ruleta de naciones. Por eso: vendamos. ¿Es una propuesta indecente? Sí. ¿ Realista? también. Porque hasta cuando puede una población vivir a espalda de sí mismo. Y no por ella, sino por la gente que elige para que la acose y abuse socialmente. ¿Odiamos el beneficio? ¿ Nos place el maleficio?

Hasta cuando esta maligna furia por demoler, anular, menospreciar y no entender el lugar dónde vivimos. Hasta cuándo seremos el hasmereír del mundo. Sobran pruebas de que preferimos no ir lejos y ahondar lo peor. Salud marginada. Educación al garete. Seguridad a la intemperie. Ministros que no espabilan. Gobierno trucado. Vendamos…!!! Gran Bretaña fue el primer país en ponerse precio: 8.8 billones de dólares. Sumó autos. aviones, caminos, edificios, puentes, todo lo alzado allí en sus siglos(menos la gente, claro). Aquí en proporción y dada la calidad de la tierra, el precio se iría a los cien billones. Pero…¿ quién lo compraría con nosotros adentro? Es aquí donde falla el más fantástico negocio del planeta: comprar la Argentina. Todo por ser como somos.

En el reparto nos podrían tocar unos 5 millones de dólares por cápita. Seríamos los 40 millones de turistas más acaudalados de la tierra. Pero zíngara. De andar saltando de país en país. De no hallarse en ninguno. Hastiados de hoteles. Vaciados de palabras. Huérfanos de tics, filias, fobias, ídolos y pasiones comunes a todos. ¿Sería negocio? O preferimos el desorden y la mala administración.

No. No vendo. Extrañaría mucho “un aplauso para el asador”

Autor: Francisco Manuel Fragapane

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